lunes, 6 de septiembre de 2010

sábado, 28 de agosto de 2010

Vacaciones: un tiempo para trabajar




Algunos niños y jóvenes aprovechan el tiempo de vacaciones para buscar un trabajo y aprender un oficio. Hay quienes reparten volantes o son oficiales de mecánicos o de talleres artesanales.
Aquí tres historias.




Jordan Quimes, oficial en un taller de compostura de sombreros. 

Jordan Quimes, de 15 años, está concentrado. En una mesa de madera, utiliza una pesada plancha, que funciona a carbón, para darle forma a un sombrero de paja toquilla. Los movimientos circulares son rápidos y a precisión.

Tan pronto como termina el año lectivo, Jordan aprovecha las vacaciones para solicitar un empleo a tiempo completo. Esta vez, trabaja en un taller dedicado a la compostura de sombreros.

Su jornada inicia a la 08:00 y termina a las 17:00. Tu tarea es planchar y cortar una docena y media de sombreros diarios, pero lo más difícil dice con una sonrisa, es planchar. 

Jorge Riera, el dueño del negocio, le dio la oportunidad de aprender este oficio. La paciencia es uno de los pilares básicos para enseñar a los jóvenes que vienen. Todos los años recibe a uno.

Jordan tiene planeado ahorrar para irse de misiones cuando termine el colegio. En el nuevo año lectivo, este joven que ingresará al décimo de básica, piensa continuar trabajando pero a medio tiempo.


Kléber Déleg, oficial en un taller de mecánica. 

   La ropa, rostro y manos de Kleber Déleg, de 13 años, están llenas de grasa. Él, quien irá el próximo año lectivo al octavo de básica, solicitó hace tres semanas empleo como oficial de mecánica. Por su edad, hace las tareas más elementales como desarmar las tuercas, sacar llantas y cambia bujías. 

Además, tiene que pasar las herramientas a sus jefes próximos que están trabajando en los motores de los vehículos de los clientes. Llega a las 08:00 y regresa a su casa a las 18:00.  Kléber ahorra para cubrir los pasajes de bus, para trasladarse, cuando inicie clases a su plantel educativo. 


Anibal Indocarchi, repartidor de volantes. 

El trabajo de Anibal Indocarchi, de 13 años,  requiere de una amplia sonrisa y ser simpático. Él distribuye hojas volantes promocionando un consultorio jurídico en las esquinas de las calles del Centro Histórico y lo  hace por 6 horas. Su empleador le entrega  500 volantes, y a las 10:00 ya tenia apenas dos.

Para este niño, el trabajo es una responsabilidad asumida para tener suficientes recursos e ingresar sin dificultad a su establecimiento educativo. Por ahora, ya compró su uniforme y sus útiles escolares.


 

viernes, 6 de agosto de 2010

Ciegos se adueñaron de las tablas



El melancólico sonido de un violín irrumpe el silencio nocturno, que invadió por unos segundos, el espacio de la Catedral Vieja (Cuenca). El sonido de este instrumento da la señal y los actores en la oscuridad, ubicados en línea recta, empiezan a moverse pausadamente, mientras el calor de reflectores con luces amarillas da claridad al inusual escenario.

Alrededor de ellos está su público.

Eulalia Idrovo “Reina”, se coloca rápidamente una diadema en su cabeza y empieza sus líneas.

El sueño de Eulalia, con ceguera total, fue ser actriz. Hacía los papeles de las novelas que escuchaba. No se mueve mucho, pero gesticula y rostro se vuelve, en cosa de segundo, irónico, risueño, amoroso.

En esta obra, “Ensayo para una comedia”, a los personajes, que representa Eulalia, los ha hecho más perversos. Junto a sus cuatro compañeros, con ceguera parcial o total, se relaja y disfruta haciendo lo que más le gusta.

La obra está dirigida por el grupo de teatro “Los hijos del Sur”, que apostaron por nuevos interlocutores artísticos y ahora tienen el apoyo de los Fondos Concursables del Ministerio de Cultura.

El libreto fue una aportación colectiva, cuyo rasgo más importante es asumir a la ceguera con humor negro, que va contra ellos mismos. Por las limitaciones físicas, para la ubicación en el espacio, se utilizó el calor de las luces y los sonidos agudos y graves del violín, interpretado por Germán Bravo, el único vidente en la obra, explica Juan Pablo Liger, el director general.

Además se llevaron los guiones a un sistema de audio y al programa de computación jaws, porque los monólogos son largos. Tampoco hay mayor movimiento de ellos, pero sí mucha gestualidad.

Los actores y su vivencia


Josefina Cajamarca tiene discapacidad visual y física, pero eso no le ha impedido participar en la obra de teatro. Su monólogo dentro de la obra, forma parte de su propia vivencia.





Eduardo Landi, con una ceguera parcial, es uno de los actores principales de la obra propuesta por el grupo de teatro Los Hijos del Sur. El papel que me le gusta es en “La noticia”.




Eulalia Idrovo es no vidente desde que tenía uso de razón. Para ella actuar es cumplir con uno de sus sueños.





Vicente Gallegos, de 40 años, siente que el teatro le devolvió su vida. Hace cuatro años perdió la vista.



viernes, 18 de junio de 2010

Un mundo de los afro, vista de otro punto de vista



Un interesante reportaje realizado en Cartagena, del que orgullosamente fui parte...

jueves, 18 de febrero de 2010

Historias Perrunas con el Mati


En este blog, le dedico un pequeño espacio a mi perro el Matías, un snauhzer miniatura, de ocho meses, que me ha cambiado la forma de percibir el mundo de los animales, sobre todo, de los caninos. Las historias con sus amigos crecen alrededor de un parque. Son submundos que por el trajinar no las percibimos.

Todos los días con el Mati salimos temprano, como a las 06:30. Aún no sé si yo le llevo o realmente es él quien me lleva a caminar.

Golden retriever

Camina despacio y recorre parsimoniosamente por el parque que no tiene nombre. Scotti tiene dos años y medio, pero por sus grandes ojos negros da la impresión que tiene más edad. Es que son tristes y cansados, aunque tiernos.

Como un golden común su pelaje es amarillo y es grandes es comparación, por supuesto al Mati. Sube a lo más alto de los pequeños montículos de tierra cubiertos de llano y observa con atención los movimientos de los demás perros, luego empieza su rutina de la mañana: se recuesta, extiende y deja caer su cuerpo en la montaña y resbala.

Se incorpora y sube nuevamente. En menos de 10 minutos ya se ha subido y resbalado por lo menos unas 30 veces. Su amo, un hombre alto, le espera al ingreso del parque y con solo un silbido, que conoce muy bien, corre a verlo. Mientras dos perros, uno es el Mati, ya se han acercado a él y comienzan batallas comunes, sin muchos heridos. Son simples juegos de perros felices de encontrarse como mascarse las barbas o las patas.

Scotti es un perro guía por naturaleza. Enseña con paciencia, a los demás perros, sobre todo cachorros, a darse volteretas y a coger objetos, aunque no hay mucho tiempo y los aprendices tienden a cansarse rápidamente. Los cachorros no son tan atentos como él quisiera. Al ver sus esfuerzos de enseñar infructuosos no le queda más que volver con su amo y esperar hasta mañana hasta que los pequeños estén más atentos.

Mestizo

Pipo es uno de los más jóvenes. Creo, sin duda de equivocarme que es el más joven de los que visitan el parque. No tiene una raza definida. Tiene cinco meses y se podría decir que es pequeño con orejas largas y caídas y con pintas negras y blancas que le hacen un perro con gracia.

Siempre viene acompañado de su amo, un hombre con una voluptuosa barriga, que desea bajar de peso. Pipo es el primero en llegar al parque, su amo le hace correr por lo menos unos 10 vueltas alrededor de este mundo perruno.

Es fiel no requiere cadena, basta que su amo corra para que el perro lo siga. Aunque hay algunos cachorros que siempre lo provocan y despistan, entonces Pipo tiene que decidir sobre si ir con su amo o empezar un juego de mascadas y lamidas. Aunque siempre la opción del amo es más poderosa. Continuará...

martes, 26 de enero de 2010

Cuenca tiene un refugio para animales silvestres


En su jaula, Lupita se mueve de un lado para el otro. Parece amistosa y vivaz, pero cuando un niño se acerca la expresión de este mono aullador cambia drásticamente y se desespera en busca de un escondite.

Hace un par de meses, a este mono, no solo le afectó que le arrancaran de su hábitat, sino que fue a parar en manos de dos niñas que mutilaron su pulgar y le maltrataron hasta el punto, que cualquier niño que se le acerca es motivo de lloros y molestias.

Lupita es uno de los 120 animales de 40 especies rescatados en el refugio Yurig Allipa o tierra blanca, ubicado en la parroquia rural cuencana de Tarqui. La mayoría de estos, tienen historias parecidas.

Dos de los tres pingüinos que tiene este lugar, cuyo hábitat son las islas Galápagos, llegaron al centro porque sus dueños, quienes los compraron en la calle, ya no pudieron mantenerlos. Cristian Aguilar, el guía del refugio, dice que uno de ellos, comía pedazos de pan y por eso llegó con desnutrición.

Ahora, se les acondicionó una pequeña piscina y comparten un espacio con dos piqueros de patas azules.

El propietario del refugio, Alberto Vele, un inmigrante, quien vivió en Estados Unidos por 14 años, volvió en el 2000 con el empeño de crear un lugar para socorrer a animales maltratados. Ahora es el principal referente, en Cuenca, para la Policía Medioambiental, del Ministerio de Medio Ambiente y la Municipalidad.

En la zona más alta del refugio está ubicada un espacio verde con 25 venados. Hace 9 años, Alberto comenzó con cinco. Durante todo el proceso, 35 han nacido en el lugar y de estos, ocho han sido reinsertados en el sector de El Cajas.

Aunque Vele dice que sigue siendo privado y por lo tanto, todavía no tiene apoyo económico para mantenerlo. Solo su propia gestión hace que los animales tengan un buen lugar para vivir. Él cree que al mismo tiempo que ayuda a sus animales, todos con nombres propios, contribuye el turismo comunitario en su zona.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Peluquero: un oficio de otra época



La primera planta de la Casa de los Arcos, (La Condamine y Tarqui) un sitio patrimonial, parece un museo. O por lo menos viejas sillas de marca Korem, incrustadas con un soporte de metal en el piso, provocan ese ambiente.

Diez espejos de todos los tamaños, muebles viejos, que aún tienen su utilidad para colocar las peinillas, tijeras, alcohol y toallas, dan cuenta de oficio que se desarrolla en el sitio. Una de las peluquerías para hombre más antigua de la ciudad.

Allí parece que todo se amontona. Hay por lo menos unas cinco sillas de madera, tinas de plástico, fundas, cepillos...

Guillermo Vázquez Arias (78 años) con un mandil blanco algo gastado, con bolsillos a los lados, y un gorro atiende a sus clientes, que vienen a cortarse el cabello desde hace más de 50 años. Los clientes más antiguos de este peluquero prefieren que él mismo los atienda.

Las manos de Guillermo, pese a su edad son ágiles y no hay mucha conversación con sus amigos al momento de laborar.

Él sabe los estilos de corte de cada uno y las instrucciones de las personas que se sientan en la vieja silla se limitan al uso de la máquina o solamente de la tijera para el corte de cabello.

Guillermo hace los últimos cortes y le retira una tela azul de la espalda de Juan, de 70 años. Le cobra un dólar y se despiden amistosamente. Luego descansa en una de sus sillas blancas igualmente viejas. Esta debe tener unos 100 años dice orgulloso de su silla, que fue heredada de su tío.

La decoración de la peluquería está mezclada con lo antiguo y moderno. Las fotografías de modelos actuales están contrastadas con posters y antiguos calendarios.

La decoración del techo y las paredes de una casa patrimonial de la época de la colonia de 1800, en cambio, dan un toque especial a esta peluquería, que es la mejor huésped de la Casa de los Arco, que ahora es administrada por la Universidad de Cuenca.

Un tío, al que no recuerda su nombre le enseñó el oficio. Uno de las cosas más difíciles fue usar un pedazo de cuero para afilar las navajas de afeitar y usarlas con los clientes. Ahora ellos prefieren las afeitadoras. Aunque él reconoce que los rostros quedaban más lisos.

No tiene muchos clientes, pero por lo menos 12 vendrán a visitarle duramente el día. Claro unos 50 años antes, su sitio de trabajo era el paso obligado para los que venían del sur, entonces descansaban y se cortaban el pelo, dice Guillermo.